No hay prueba mejor del carácter que el modo en que un hombre aborda las dificultades. El cobarde las rehúye; el holgazán da vueltas a su alrededor; el ocioso se entretiene con ellas, esperando, como Micawber, que algo ocurra o un milagro las aleje; el hombre infantil espera que un amigo la aparte; sin embargo, el hombre maduro las supera. Hay dos cuestiones importantes que los jóvenes deben plantearse: ¿cómo hemos de pensar en nuestras dificultades? ¿Cómo hemos de abordarlas?
1. ¿Cómo hemos de pensar en las dificultades que encontramos en la vida? Ésta es una cuestión de enorme importancia, ya que de su correcta solución depende en gran medida nuestra felicidad y éxito. En ningún caso hemos de concebir las dificultades como desgracias, pues a menudo constituyen, y cuando se las aprovecha apropiadamente, siempre, nuestras mayores bendiciones. Los problemas con que tropezamos incitan a la mente a un esfuerzo activo, estimulan el genio inventivo, nos animan a ser diligentes, invocan nuestros recursos, y los aplican para el crecimiento y la opulencia.
Para los adolescentes, las dificultades son lo que el viento para el joven roble: el método de la naturaleza para hacer más sólida su fuerza y procurarle una fibra más robusta a nuestro ser mental y moral. Nos ofrecen nuestras mayores oportunidades al convertirse en el gran incentivo y la inspiración para nuestras fuerzas latentes. Inspiran nuestro poder de reserva. Son mediaciones, decretadas por el Cielo, que despiertan a la vida y la actividad las fuerzas aletargadas en nuestro interior. Un joven que tropieza con muchas dificultades en su camino debería dar las gracias a Dios y ser valiente. Debería deletrear la palabra d-i-f-i-c-u-l-t-ad-e-s, pero pronunciándola como oportunidades.
2. ¿Cómo hemos de abordar nuestras dificultades? En primer lugar, afrontándolas directamente. Muchas de las dificultades de la vida son más imaginarias que reales. Quedan reducidas a la insignificancia en el momento en que las observamos resueltamente. Estúdialas tan minuciosamente como harías con un adversario a quien quisieras vencer en la batalla. Aprende cuanto puedas, de amigos y enemigos, acerca de las dificultades con que te encuentras. Recuerda que has nacido para vencer y decide ser un vencedor. No dejes espacio a la huida, el lamento, la espera o la dependencia enfermiza e infantil de otros. Tu propia mano derecha, tu propio corazón robusto, tu voluntad indomable te darán la victoria. Afronta tus dificultades como los atletas su duro y severo entrenamiento: dales la bienvenida; y recuerda que cada dificultad vencida redunda en una mayor fuerza. Lee la historia de los grandes hombres y observa cómo superaron la pobreza, el perjuicio y la oposición; cómo triunfaron sobre la debilidad corporal («A partir de la debilidad se hicieron fuertes», a través de las dificultades); cómo vencieron las deficiencias mentales y morales, se alzaron como gigantes en la contienda y victoriosos en la batalla, y se convirtieron en hombres de los que el mundo no era digno, porque superaron las dificultades. Vence tus dificultades y habrás conquistado el mundo.