El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.

Proverbio chino

Suponer que un ser divino te dará riqueza o pobreza es algo absurdo, pero esa suposición está llevando al fracaso a millones de personas, ¡esa es la mejor muestra de que una creencia te ayudará o hundirá!

Los millonarios, cuando han instalado una creencia tan arraigada han logrado aquello que se han propuesto, ¡ese es su principal secreto! Sólo cuando te convences que puedes lograr algo, nada te podrá detener, pero si supones lo contrario, todo estará en tu contra.

El comediante estadounidense Groucho Marx afirmó algo que es digno de analizar: “No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos”, ¿qué nos enseña este comediante? ¡Que cualquier persona podría ser un comediante si lo creyera!

Si te haces pasar como un comediante, llegará el momento en que lo seas, sólo cuando actúas cómo si fueras uno de ellos, comienzas a aprender más, a darte cuenta de qué debes mejorar y cómo ser el mejor de ellos.

Este es el correcto uso del cerebro réptil y límbico: si deseas que algo suceda, actúa como si… Esta es una estrategia que te recomiendo en mis seminarios y libros, si quieres ser un gran cocinero, actúa como si fueras un cocinero, en algún momento te lo creerás y entonces no habrá freno que te detenga.

Esto funciona en todas las áreas. Karl Wallenda era un equilibrista alemán que hacía un acto circense donde caminaba en una cuerda floja a gran altura sin ninguna red de protección, antes de cada acto, dedicaba varios minutos a visualizar cómo el acto salía a la perfección, pero el día del accidente causante de su muerte, le dijo a su esposa que se visualizaba cayendo, lo cual ocurrió. ¡Así funciona el como si…!

Wallenda se convencía mentalmente que podía realizar el acto, se veía a sí mismo realizándolo, persuadiéndose que era sencillo, entonces lo realizaba sin problemas porque ya lo había ejecutado en su mente –lo había visualizado, tal como te he mencionado–, es lo que te propongo, que actúes como si, para que practiques una y otra vez antes de ejecutarlo.

Para muchos podría parecer un engaño, ¡y lo es! Es lo que llaman una “mentira piadosa”, que a nadie afecta, pero nos puede ser útil para nuestros fines. Es decir, comienzas engañándote, pero terminarás creyéndolo. Eso sucedió cuando alguien te dijo que el dinero sólo causaba problemas, comenzaste a actuar como si causara problemas y entonces te diste cuenta que tenía razón.

Si cuando eras niño escuchaste a tus padres pelear por el dinero, en tu mente comenzó a gestarse que el dinero era el problema, como ellos son una figura de autoridad y no podías cuestionar su actuar, supusiste que el dinero tenía que ser el que generaba los inconvenientes, pero si lo analizas fríamente, eran tus padres los que no sabían cómo administrar el dinero o ganar más.

Ahora es momento de que analices todas esas creencias que te han hecho pensar de una u otra forma respecto al dinero, para encontrar dónde está el problema y comiences a deshacer esas creencias limitantes respecto a la riqueza.

Cuando eras niño, ¿qué escuchaste acerca de la riqueza? ¿Qué decían tus padres sobre ella? ¿Qué decían tus profesores? ¿Qué decían tus amigos? ¿Peleaban tus padres por el dinero? ¿Festejaban cuando llegaba? ¿Lo gastaban inmediatamente cuando ingresaba o lo invertían?

¿Te das cuenta? Todo lo que supones acerca del dinero alguien te lo sugirió o instaló, por eso ahora tienes problemas para adquirirlo o conservarlo. Tu cerebro réptil y límbico se ha estimulado con creencias de otros, creando unas sugestiones híbridas, tan peligrosas que te están llevando a la pobreza.

Si no haces uso de tu neocorteza y analizas tu pasado, pronto la pobreza tocará a tu puerta y no tendrás las armas para rechazarla. ¡Por eso te sugiero que analices constantemente tu vida! Sólo así podrás construir nuevas creencias, que te acercarán a la riqueza.

¿De cuáles creencias debes alejarte? Existen miles, pero estas son algunas que mis asistentes a seminarios y lectores de libros me han compartido:

• El dinero no alcanza para nada.

• Hay que ahorrar.

• El dinero no crece en los árboles.

• Pobre pero honrado.

• Hay que trabajar mucho para tener dinero.

• Hay que partirse el “lomo” para tener dinero.

• El dinero es sucio.

• Los ricos no van al cielo.

¿Te das cuenta dónde está el problema? Al repetirte estas creencias, tu cerebro comienza a suponer que son ciertas, entonces la riqueza se aleja, debido a que tu cerebro busca qué hacer para alejarla, ¡porque tu cerebro evolucionó para protegerte de los peligros!

Es muy probable que escucharas las anteriores afirmaciones en tu infancia y las creyeras sin dudar, y si las dijo una figura de autoridad, supusiste que eran ciertas (tu padre no podía estar equivocado al afirmar eso). Una exitosa profesional, que llamaré Mónica, me compartió al respecto:

Escuché muchas falsas creencias respecto a la riqueza por parte de mis padres. Estos pensamientos se archivaron en mi cabeza para luego salir en cualquier oportunidad, entonces mi avance se frenaba de golpe. Yo no entendía por qué. Hasta que verifiqué mis pensamientos, me di cuenta que tenía muchas creencias negativas respecto al dinero (“el rico es malo, el pobre tiene un buen corazón”, por ejemplo). Sigo analizando mi vida y encontrando muchas frases que me detenían, es un trabajo arduo, pero ya estoy viendo resultados, ahora nada me detiene.

Por eso es importante que te des cuenta de todas aquellas afirmaciones que están impidiendo tu avance, así como todas las experiencias que has asociado con riqueza o pobreza.

También analiza tu presente, en este aquí y ahora… ¿Con quién pasas tu tiempo? ¿Qué opina sobre la riqueza? ¿Qué estás aprendiendo con esta persona? ¿Aprendes sobre riqueza o pobreza? ¿Esta persona (o personas) tiene retos o se conforma con lo que tiene? ¿Por qué afirmas esto?

Analizar tu pasado y presente te dará la oportunidad de saber en dónde estás y qué tienes que hacer para mejorar. Si tuviste un pasado lleno de creencias negativas respecto al dinero, comienza a cambiar esas creencias, investiga si son reales o no y qué puedes hacer para ser millonario. Si tu presente está lleno de creencias de pobreza, ¡sepárate de las personas pobres! Es lo que hacen los millonarios, si alguien los está deteniendo, simplemente lo hacen a un lado. Sólo los masoquistas prefieren seguir al lado de personas negativas.

Un millonario que ha tomado mis seminarios y leído mis libros me comentó que había dejado atrás a tantas personas negativas que había perdido la cuenta, pero ¡había logrado más riqueza! Él no es un ermitaño, al contrario, tiene muchos amigos, pero ellos también son millonarios o en proceso de serlo, al reunirse, aprenden más y corrigen las posibles creencias erróneas que podrían tener, es una especie de grupo de apoyo para la riqueza.

Si estamos condenados a ser sociales, ¿por qué no escoger sólo a los mejores para reunirnos con ellos? Eso deberíamos hacer todos los días. Selecciona a tus amigos y verás pronto la riqueza llegar. ¿A quién permitirías estar cerca de ti?

Esta es una creencia que debes eliminar: buscar alguien que te ofrezca seguridad. Esta sugestión ha sido instalada desde hace cientos de años en las personas, por eso tenemos que analizar otra de nuestras épocas históricas.

El Medievo se caracteriza por ser una época de transición económica, social, política, cultural e ideológica. En la edad media, los reyes, los nobles y la iglesia católica son los protagonistas, aunque para finalizar esta época son los comerciantes los que toman el control económico y social.

El feudalismo, como organización política, social y económica, es para muchos el icono de la edad media. El feudo consistía en cierto terreno que administraba un noble (señor feudal) que era leal al rey, éste conseguía siervos que trabajaran en los cultivos y la ganadería, los cuales tenían como misión exclusivamente laborar en esas actividades para mantener a los combatientes y al grupo del señor feudal, es decir, su familia, el rey y la iglesia.

Como era una época de mucha inseguridad y continuas guerras, muchos pobladores optaron por buscar un patrocinio, es decir, la protección de un señor feudal. A cambio de la seguridad, ofrecían prestar sus servicios como siervos y además se declaraban “hombres de ese señor”, eso los convertía en individuos de su propiedad.

El siervo estaba seguro dentro del feudo, ya que los combatientes (la segunda clase social) y el señor feudal los protegían dentro de su territorio. Aunque no eran esclavos, no eran libres, ya que su condición servil les impedía abandonarlo y les obligaba a trabajar junto con sus familias por generaciones enteras.

El señor feudal constantemente hacía alianzas con otros señores feudales y con sus vasallos para asegurar la paz en su territorio, vivía en un castillo dentro de una fortaleza, mientras sus siervos muchas veces vivían en situaciones infrahumanas, sobreviviendo con lo básico, ya que le entregaban gran parte de lo obtenido como “arriendo”.

En aquella época los trabajadores buscaban seguridad personal cambiando el fruto de su trabajo por ella (y su libertad), en la actualidad eso permanece igual, millones de personas cambian su libertad por seguridad financiera, es decir, un empleo “seguro”.

Conozco personas que ganan cinco euros la hora, trabajan más de ocho horas diarias y llegan a su casa hartos de su situación, sólo para descansar unas cuantas horas y continuar el ciclo, es decir, son siervos de un señor feudal de la actualidad.

El señor feudal no era un sujeto que no hacía nada, él tenía que hacer muchas alianzas, casar a sus vástagos con los hijos de otros señores para asegurar la seguridad de sus territorios y cumplir con el rey e iglesia, los siervos no se preocupaban por ello. Algo semejante pasa ahora, cientos de empleados no desean complicarse la existencia montando una empresa, es mejor recibir una paga “segura” que buscar cómo obtenerla. El señor feudal, como el empresario actual, tenía ideas que otros ejecutaban.

Mi comparación del señor feudal con el empresario es muy drástica, pero justa, si yo hubiera nacido en la edad media hubiese preferido ser noble a ser siervo, ahora prefiero ser empresario que empleado.

En la edad media, las grandes ciudades concentraban el comercio. Los comerciantes buscaban intercambiar productos con otros países para venderlos en el suyo, en esta época nace la importación

y exportación, actividad que les arroja grandes ganancias. Las consecuencias del comercio llevan a:

• Que se utilice una moneda.

• Que los comerciantes se conviertan en banqueros (un gran avance económico para ellos).

• Que surja el crédito (un gran invento que les aporta ganancias hasta la fecha a unos cuantos).

Los banqueros se dedicaron a prestar dinero a otros comerciantes, nobles e incluso reyes. Con el crédito nació el pagaré, un documento que comprometía a los deudores a pagarlo con intereses en un tiempo determinado, posteriormente el embargo, que consiste en quitarle las pertenencias a los morosos.

Con todos estos avances de las ciudades nace el concepto del dinero, que es entendido por unos cuantos e ignorado por millones (como en la actualidad).

En la edad media el siervo buscaba estar seguro, sin importarle perder su libertad, ahora sucede algo semejante, el empleado busca sentirse económicamente seguro, por eso busca un empleo, créditos y dinero, aunque tenga que perder su libertad.

El siervo actual también le exige a su gobierno que le resuelva sus problemas, ¡para eso paga sus arriendos (perdón, sus impuestos)!

El siervo contemporáneo cree que el gobierno debe crear nuevas leyes para que le den empleo, le paguen mejor y tenga menos horas de trabajo efectivo, también supone que tiene que crear nuevos programas sociales que le beneficien.

No le interesa ser señor feudal, eso es muy complicado, es mejor exigir que comprometerse, si una linda chica (o chico) anda por ahí, podría comprometerse en matrimonio, si no, ya llegará; el siervo sabe que formar una familia es primordial para la continuidad social (y para tener más siervos que aporten sus arriendos al señor feudal).

El actual siervo no es dueño de su destino, otros se ocupan de él, ¿para qué preocuparse? Tener un buen empleo, una casa regular y un auto adecuado es lo más conveniente, los lujos son para los señores feudales, él sólo quiere vivir feliz.

Los comerciantes de la edad media no sólo inventan el dinero virtual, es decir, el crédito y las instituciones bancarias, sino que también imponen como costumbre el comprar artículos que no eran necesarios.

Los comerciantes de Italia, por ejemplo, traían telas y perfumes del medio oriente para venderlos, productos que eran adquiridos por panaderos, herreros, alfareros, entre otros, con el fin de parecerse a los burgueses.

Practica que sigue vigente, al igual que el crédito, muchas de las cosas que adquiere la clase socioeconómica baja y media son inútiles, incluso algunos productos afectan su salud pero se siguen consumiendo.

Desde la edad media se premia el consumo y se ignora el ahorro, esta es una práctica sumamente peligrosa que está ingresando cada vez más personas a la pobreza.

Como puedes darte cuenta, existen cientos de prácticas arraigadas que traemos desde la antigüedad, sin darnos cuenta seguimos ejerciéndolas aunque nos impidan lograr atraer la riqueza.

¿Qué pasa con nuestro cerebro? Lo mismo que la edad anterior, el reptil y el límbico son los que se estimulan en la edad media, al igual que ahora: busca tu seguridad personal y laboral, solicita que alguien te proteja y trabaja mucho (y pide muchos créditos).

El mensaje de los medios de comunicación, escuela y, desafortunadamente, tu familia, es claro: sobrevive a diario y no pidas más, sólo necesitas seguridad.

Por eso millones de personas desean trabajar para otro, así resolverán todos sus problemas, alguien cuidará de ellos y no tendrán que preocuparse de su presente, aunque no tengan futuro.

¡Esto debe cambiar!

Tu cerebro réptil y límbico te dirá que “estás en un buen camino” siendo empleado, pero lo cierto es que estás haciendo millonario a otro. ¡Espera! ¿Millonario a otro? Por supuesto, sin que te des cuenta, estás haciendo cada vez más rico al propietario de la empresa donde trabajas. Cuando alguien no sabe cómo hacer riquezas, venderá su tiempo, entonces alguien será el propietario de él.

El tiempo es el recurso que no puedes vender, ¿qué pasa con un empleado que trabaja ocho horas al día? Llegará a su casa cansado, sin ánimos de convivir con su familia, ¡mucho menos dedicarle un par de horas a investigar sobre cómo hacer riquezas! Entonces se convierte en una máquina que produce dinero para otro, menos para sí mismo.

Descuidará su alimentación por trabajar para otro, se enfermará por lo mismo y pronto asistirá a su centro laboral sin deseos de mejorar, sólo cumplir un día más. Como hay mucha competencia, posiblemente lo despidan por encontrar a alguien más joven, dispuesto a ofrecer más tiempo y esfuerzo a cambio de unas cuantas monedas, no las que quisiera, pero sí las suficientes para sobrevivir.

¿Te das cuenta dónde está el problema? Si trabajas para otro, no eres dueño de tu tiempo, lo es él, por ello no podrás hacer riqueza. Un millonario tiene ideas y busca a otros que las ejecuten para él, ¡así se hace la riqueza! He comparado en otros libros a los millonarios con generales del ejército, quienes diseñan las acometidas y proporcionan instrucciones precisas para que los soldados las lleven a cabo.

El millonario busca la libertad, el pobre busca a quién cambiársela por dinero.

Es el caso de esta persona que comparte su historia en la bitácora de Internet 5 que te he comentado con anterioridad:

Me llamo Juan, tengo 47 años y llevo trabajando desde los 22 en trabajos de subsistencia. Terminé la universidad al tiempo que trabajaba y no pude conseguir un trabajo relacionado con los estudios. Tuve que sobrevivir lejos de la casa paterna, sin salir de este país. Mi tope salarial fueron los 1.100 euros y siempre ha sido volver a empezar. Aprobé una oposición como personal laboral fijo hace poco, y ahora, cambian las condiciones de ese personal, haciéndolo tan precario como todo lo demás. Intento ver qué parte de responsabilidad tengo en todo este desastre. Hay días en que pienso que sería mejor tener un accidente laboral y quedarme con una incapacidad que me permitiera percibir una prestación, pero me cuesta perder un dedo, o una mano, quizás algún día las necesite para algo útil de verdad.

Ahora tengo un salario de 903 euros, tras 24 años de trabajo. ¿Merece la pena? Quizá este sea el momento de no adquirir los compromisos que hacen creer que debes adoptar, como son: el coche, la casa. Si entráis en ese juego, será difícil salir. Ser libre es no tener ataduras y eso tiene un precio. Aquí nos quedaremos los esclavos produciendo y pagando impuestos. Debiendo a los bancos, a la administración, a los especuladores. Y estaremos eternamente agradecidos porque seguiremos celebrando aniversarios de la Democracia. Aún así, merece la pena vivir. Y creo que hay que hacerlo allí donde te traten como a una persona, crean en ti y encuentres que vives entre seres, lo más humanos posibles.

¿Te das cuenta? Él refiere que en su trabajo siempre ha ganado lo mismo, sin oportunidad de mejorar, ¡y tiene razón! Ha dedicado muchos años a trabajar para otro, nunca a prepararse para trabajar para él o para que otros trabajen para él.

La mayoría de personas supone que alguien debe ofrecerles seguridad, un buen sueldo y ayudarlos, pero esto no funciona así, por frío que parezca, mientras son útiles, les darán un empleo (mal pagado, pero donde tienen un sueldo “seguro”) y cuando ya no ofrezcan más, serán despedidos.

Ese tiempo destinado a trabajar para otro debió utilizarlo para crear su propia empresa, para posteriormente tener a personas trabajando para él, así al final buscaría negocios que le dieran lo suficiente sin necesidad de cambiar su tiempo por dinero.

Juan también aborda un tema actual: “quizá este sea el momento de no adquirir los compromisos que hacen creer que debes adoptar, como son: el coche, la casa”. Millones de personas están más preocupadas por generar dinero para gastarlo en lugar de conocer cómo invertirlo, movidos por el ideal de consumo, que ha prevalecido desde hace muchos años. De ello escribiré más adelante.

La edad feudal se quedó atrás, pero no su esencia. Ahora existen feudos, pero tienen otro nombre, algunos son llamados bancos.

La institución bancaria te ofrece fácilmente préstamos, incluso te ofrece guardar tu dinero para que esté “seguro”, pero en realidad está adoptándote como siervo.

Si tú le pides un préstamo, ella te lo dará, en “cómodas” mensualidades, las cuales tendrás que pagar mes a mes, es decir, si ahora decidieras dejar de trabajar no podrías, puesto que tienes un compromiso que cumplir. Aquellas personas que “invierten” también les pasa algo semejante, el banco, para poder respetarles una tasa “preferencial”, les dice que deben de invertir cierta cantidad cada determinado tiempo, con ello se aseguran que estén trabajando para conseguir ese dinero y otorgárselos. En ambas situaciones el banco tiene trabajando a otras personas por él.

Hace bastante tiempo, cuando aún trabajaba para alguien más, estuve con una empresaria que tenía un negocio de envíos de dinero de Estados Unidos a México –de todos es sabido que uno de los ingresos de México son las remesas enviadas por personas que trabajan como ilegales (y también legales) en su país vecino–, lo interesante es que cuando el familiar iba a cobrar su “envío”, ella le ofrecía guardarle parte de éste, pagándole una comisión más alta que el banco, la mayoría le dejaba una gran parte de lo recibido. Ella, con el dinero de la persona, pagaba las remesas, adquiría casas (que rentaba o vendía) e invertía en otros negocios, ¡todo con el dinero de otra persona!

Así trabaja cualquier banco, es el dinero que se deposita en él lo que permite que se generen préstamos, si a ello le sumamos que parte de las transacciones son virtuales, el negocio es redondo.

¡Miles de personas trabajan para otros!

Ese es un excelente negocio, ¡tener a otra persona trabajando para ti y que ella esté a gusto mientras lo hace!

Las empresas hacen algo similar, recientemente a unos amigos que dan clases en una universidad les ofrecieron un esquema de “tiempo completo”, es decir, 35 horas por semana, con prestaciones y pago de vacaciones. Mis amigos creyeron que era una oportunidad única, pues tendrían un sueldo asegurado, ¡pero nunca hicieron cuentas! Antes de ese “beneficio” ganaban 5.40 euros la hora, ahora ganan 576 euros por mes, si haces una simple división, verás que ahora ganan 4.11 euros la hora (576 entre 140 horas al mes), es decir, ¡están perdiendo 1.29 euros por hora! Al mes perderán 180.6 euros.

¿Cuál fue el beneficio? Para la institución educativa si lo hubo, pero para ellos no.

Millones de personas no hacen operaciones matemáticas básicas, por eso están pobres, en cambio, unos cientos hacen muchas cuentas y son millonarias. Puedo afirmarte que la búsqueda de seguridad hace que te olvides de las operaciones matemáticas simples.

Ofrece cierta seguridad y tendrás a personas trabajando a gusto contigo, aunque les pagues muy poco dinero a cambio.

No debes buscar culpables por tu situación, tú eres el único culpable, al no reflexionar sobre tu actuar y solamente buscar seguridad.

En su búsqueda de seguridad, millones de personas adquieren deudas, no sólo en préstamos directos de instituciones bancarias, sino al obtener productos que no les sirven para nada.

Conozco muchas personas que han comprado un automóvil de lujo, el cual mes con mes les quita dinero por concepto de gasolina, servicios automotrices, pago de impuestos y demás gastos fijos. Si adquieres algo que te genere gastos, ya te metiste en un grave problema.

En la edad media las posesiones eran altamente valoradas, cuánto más tuvieras, mejor era tu existencia. Al parecer la gran mayoría de personas sigue con esa idea hasta ahora.

Conozco muchos que coleccionan cosas inservibles, que han comprado incluso sin saber para qué les sirven. Otra vez nuestro cerebro primitivo es el que toma el control. En una investigación se descubrió que al gastar dinero se estimulaban en el cerebro las mismas áreas que las incitadas por las drogas, por eso tendemos a gastar aunque no utilicemos mucho de lo que adquirimos. ¡El cerebro límbico hace de las suyas otra vez!

Analiza tu vida en este momento, ¿cuántas cosas tienes actualmente que no te sirven para nada? Podría apostar que más del 50% de lo que posees es algo inútil.

Si ya has leído alguno de mis libros, sabes que tengo reglas (de las cuales hablaré más adelante), y una de ellas es no comprar algo que me quite dinero, cualquier cosa que adquiera deberá darme dinero o por lo menos no quitármelo. Y eso se aplica a mis relaciones interpersonales, los amigos que tengo no me quitan dinero, si detectara que lo hicieran, me alejaría de ellos, pasa lo mismo en el plano sentimental y familiar.

Siempre estoy pendiente de ganar más dinero o por lo menos no gastarlo, aquello que adquiero debe darme dinero, nunca quitármelo.

Por eso cuando acudo a hacer mis compras de víveres llevo un listado de lo que adquiriré, eso me asegura traer a casa sólo lo necesario. Por supuesto elaboro esa lista un día antes, así tengo tiempo para analizar lo que realmente necesito y no sólo lo que se me presente frente a mí el día de compras.

Cuando adquieres algo que no necesitas seguramente adquirirás deudas. Tu cerebro se acostumbrará a comprar por comprar, sin reflexionar y lo seguirás haciendo, hasta que tengas que pedir algún tipo de préstamo.

En este momento podrías decir: “pero me convertiré en un robot”, te comprendo, lo escucho bastante, todos los pobres suponen que deben hacerle caso a sus emociones, pero están equivocados. ¡Todos los ricos que he entrevistado tienen controladas sus emociones! Hablaré más de ello en las líneas próximas, pero ahora debes tener en cuenta que si no tienes controladas las emociones ellas te controlarán, por eso, ¡Sí! Debes ser como un robot y analizar toda tu vida si quieres ser millonario.


4 http://elsnouspobres.wordpress.com/

5 http://elsnouspobres.wordpress.com/