Crecer es tan natural en la vida de los negocios como lo es en la vida biológica. Toda persona, animal o planta, crece hasta un determinado tamaño y ahí se detiene. Muy pocos especímenes demasiado pequeños o demasiado grandes llegan a la madurez, pues la gran mayoría se encuentra dentro de una franja relativamente estrecha. Los negocios siguen una fórmula similar: la mayoría de las nuevas empresas que tienen éxito, es decir, las que sobreviven, se estabilizan al cabo de cinco o siete años. Y una vez que llegan a esa fase empiezan a crecer. Así, según el Informe GEM 2010 (Global Entrepreneurship Monitor), que elabora anualmente la escuela de negocios Instituto de Empresa, el 66 % de los proyectos emprendedores que se iniciaron en España en ese año no tenía ningún asalariado y un 27,9 % tenía una plantilla de entre uno y cinco trabajadores, pero una vez consolidados, las cifras de los que crecieron en empleo aumenta: sólo el 39,7 % de los nuevos proyectos permanecía con el emprendedor como único empleado, mientras que la mitad había creado entre uno y cinco puestos de trabajo; el 8,7 % empleaba a entre seis y 19 trabajadores y el 2,9 % tenía ya más de 20 trabajadores.


Demostrar la importancia de las pequeñas empresas

Algo que llama la atención a cualquiera que esté pensando seriamente en montar una empresa es la cantidad de organizaciones que ofrecen asesoría valiosa y oportuna. Por ejemplo, en España existen más de 3000 instituciones, entre públicas y privadas, dispuestas a ayudar a los emprendedores a sacar adelante sus proyectos. Y más allá de nuestras fronteras, Enterprise Agencies, Business Link, The Small Business Service,  parecen morirse de ganas de ayudar a los emprendedores a convertir sus sueños en realidad. Muchas de esas organizaciones están directa o indirectamente relacionadas con alguna iniciativa gubernamental. La actual crisis económica ha despertado el espíritu emprendedor hasta unos límites nunca vistos hasta ahora. Buena parte de esa mayor inquietud por emprender tiene mucho que ver con la falta de expectativas laborales y la destrucción de empleo por parte de empresas de todos los tamaños. Así las cosas, no resulta extraño que los poderes públicos hayan puesto buena parte de sus esperanzas a la salida de la crisis en la capacidad para crear empresas. En España, las pymes juegan un papel clave para el conjunto de la economía nacional. Según datos de Eurostat, en España el 99 % de las empresas son pequeñas y medianas (las famosas pymes), de las que el 55 % son unipersonales. Este porcentaje está por encima de la media europea, donde el número de empresas grandes es proporcionalmente mayor. En total, en el año 2010 había en España 3 291 263 empresas y sólo 71 021 tenía más de 20 trabajadores (el 4,9 % del total). Pero como sucede en todo el mundo, la pequeña dimensión de estos negocios las hace especialmente frágiles: aproximadamente un 10 % de estas empresas terminan cerrando cada año. En el año 2010 lo hicieron 376 945 empresas. Pero la evidencia de la importancia de las pymes no es una novedad. Uno de los primeros en ponerlas en el lugar que les corresponde fue el profesor estadounidense David Birch, en la década de 1980. Mientras desarrollaba una investigación en el MIT (siglas inglesas del Instituto Tecnológico de Massachussets), Birch demostró que dos tercios del incremento del empleo en los Estados Unidos se debían a empresas con menos de 20 trabajadores. 

Esta reveladora estadística, también válida para la mayoría de los países desarrollados, fue interpretada como una señal para que los gobiernos y otras organizaciones incrementaran sus esfuerzos para estimular y promover el espíritu empresarial. En efecto, en los años posteriores a la segunda guerra mundial, las pequeñas empresas casi no habían sido tenidas en cuenta. En el Reino Unido, diversos estudios, entre ellos el influyente Informe de la Comisión Bolton (grupo que en 1971 recibió el encargo del Gobierno británico de investigar la situación del sector de las pequeñas empresas), pusieron de manifiesto que el sector carecía de suficiente capital de trabajo y de directivos experimentados. Pese a ello, hasta que se publicó el estudio de Birch, nadie aceptaba lo importantes que eran las nuevas y pequeñas empresas para la economía de un país. Al tiempo que reconocía la importancia de los pequeños negocios, la investigación de Birch reveló también su fragilidad. Este profesor calculó que más o menos ocho millones de empresas que operaban en Estados Unidos cerraban al año, lo que significaba que “cada cinco o seis años se tiene que reemplazar la mitad de la economía nacional”. Estos datos sobre la tasa de fracaso de las pequeñas empresas se han repetido en posteriores estudios en todo el mundo. En última instancia, sólo la mitad, aproximadamente, de las pequeñas empresas sobrevive más de cinco años. Como consecuencia de estos dos descubrimientos (que las pequeñas empresas son vitales para la economía, pero que son muy frágiles), han surgido una serie de iniciativas gubernamentales para promover y proteger a las pequeñas empresas durante sus primeros años.


Este crecimiento progresivo se refleja también en la capacidad para exportar (un 25 % de los proyectos creados exporta a otros países) y en sus expectativas de crecimiento (el 32,6 % esperaba hacerlo en su principal mercado y un 1 % tenía previsiones de aumentar su volumen de negocio al ritmo de las empresas gacela; así llamadas por su rápido crecimiento).

Los siguientes apartados explican los grandes beneficios del crecimiento

Lograr economías de escala

Una vez que un negocio empieza a crecer, los costes estructurales se pueden apoyar sobre una base más amplia. Se pueden comprar materiales y servicios en mayores cantidades, lo que generalmente significa mejores plazos y costes más bajos. La combinación de esos factores conlleva, casi siempre, un mayor margen de beneficio, lo que, a su vez, puede significar costes todavía más bajos. Este círculo virtuoso, como se lo conoce, puede hacer más competitiva a una empresa que crece respecto a la que sólo está dejando pasar el tiempo.

Asegurar una ventaja competitiva

Una empresa nueva puede aventajar a sus competidoras si hace algo esencial que las empresas establecidas no puedan imitar fácilmente. Por ejemplo, una nueva peluquería puede instalarse donde haya más clientes, mientras que una ya existente tiene que resignarse a su actual ubicación, al menos hasta que expire su contrato de alquiler. Una empresa que crece puede obtener ventajas sobre sus competidoras más lentas. Por ejemplo, al introducir nuevos productos o servicios empieza a disponer de más bienes que vender a sus actuales clientes. Esto pone en desventaja a los competidores menores porque hace que se les vea como firmas que tienen menos que ofrecer. Este tipo de estrategia de crecimiento, si va acompañada de altos estándares de calidad, puede garantizar la fidelidad de los consumidores, lo que redunda en mayores ganancias; un empujón más para el impulso del círculo virtuoso.

Conservar a las personas clave

La forma más segura de que un negocio fracase es estar cambiando constantemente de empleados. Como en cada trabajador nuevo hay que invertir tiempo y dinero antes de que empiece a ser productivo, cuanto más personal se pierde, más crecimiento se sacrifica. La mayoría de los jefes cree que sus empleados sólo trabajan por dinero y que sus empleados clave lo hacen por más dinero. Sin embargo, la realidad no respalda esta hipótesis: las evidencias demuestran que lo que desean es tener un trabajo interesante y que se les reconozcan y recompensen sus logros. 

Cuando tu negocio crece, puedes dejar que tu personal clave rinda a su máximo potencial. En una empresa más grande, los trabajadores pueden ser formados y promovidos y ascender en la jerarquía hacia empleos de mayor responsabilidad, con mejores salarios bien merecidos y, de este modo, quedarse contigo, en lugar de irse a mejores pastos. Y si los empleados son buenos en su trabajo, cuanto más tiempo permanezcan contigo, más valiosos serán. Tú te ahorras tiempo y dinero en la contratación y no tienes que pagar los errores de los directivos nuevos mientras aprenden a trabajar en la empresa.

Ganar masa crítica

Ser más grande no siempre significa ser mejor, pero una empresa que crece tendrá una mayor presencia en el mercado, y eso casi nunca es una mala estrategia. Las empresas más grandes son también más estables y tienden a sobrevivir mejor en épocas turbulentas. Las empresas grandes pueden quebrar, y a veces quiebran, pero las más pequeñas “que van tirando” están mucho más expuestas a tropiezos. Es frecuente que una empresa pequeña dependa de un puñado de clientes y de apenas uno o dos productos o servicios para obtener gran parte de sus ganancias. Si su principal producto o servicio se ve presionado por la competencia; si un cliente importante quiebra, cambia de proveedor o diversifica sus pedidos, entonces esa empresa tendrá problemas. Salir del ciclo 80/20 (el 80 % de los beneficios lo genera el 20 % de clientes) a través de la diversificación del número de clientes es una forma sensata de hacer más seguro y más predecible cualquier negocio. Los negocios de un solo producto son el medio natural de un inventor pero son sumamente vulnerables a la competencia, a los cambios de moda o a la obsolescencia tecnológica. Tener un solo producto puede limitar el potencial de crecimiento de una empresa. Un interrogante cuelga inevitablemente sobre tales negocios hasta que logran ampliar su gama de productos. Este proceso se parece más a la inversión en un fondo mutuo que a la compra de un par de acciones: las acciones individuales son inevitablemente más volátiles, mientras que invertir en docenas de acciones allana la senda del crecimiento y reduce significativamente los riesgos de desastre.