La gente rica juega al juego del dinero para ganar.

La gente pobre juega al juego del dinero para no perder.

Los pobres juegan al juego del dinero a la defensiva en lugar de a la ofensiva. Déjame preguntarte: si tuvieses que jugar a cualquier deporte o a cualquier juego estrictamente a la defensiva, ¿cuáles son las probabilidades de que ganaras ese juego? La mayoría de la gente estaría de acuerdo: escasas o nulas.

Sin embargo, así es exactamente como juegan la mayoría de las personas al juego del dinero. Su principal preocupación es la supervivencia y la seguridad, en lugar de crear riqueza y abundancia. Así pues, ¿cuál es tu meta? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Cuál es tu verdadera intención?

La meta de la gente verdaderamente rica es tener una riqueza y abundancia enormes. No solo algo de dinero, sino montones de dinero. Y ¿cuál es la gran meta de la gente pobre? «Tener lo suficiente para pagar las cuentas pendientes… ¡y hacerlo puntualmente ya sería un milagro!». De nuevo, permíteme recordarte el poder de la intención. Cuando tu intención es tener lo suficiente para pagar las cuentas, eso es exactamente lo que obtendrás: justo lo suficiente para pagar las cuentas pendientes y ni un céntimo más.

La gente de clase media, al menos, va un paso más allá… Lástima que sea un paso de hormiga. Su gran meta en la vida resulta ser también su palabra favorita: solo quieren «comodidad». Odio tener que darte la noticia, pero hay una enorme diferencia entre estar cómodo y ser rico.

Debo admitirlo: no siempre lo supe. Pero una de las razones por las que creo tener el derecho de escribir este libro es que he tenido la experiencia de hallarme en los tres lados de la proverbial valla. He estado extremadamente pelado, como para tener que pedir prestado un dólar a fin de poner gasolina en el coche. Pero déjame matizar eso: en primer lugar, el coche no era mío; en segundo lugar, ese dólar me vino en forma de cuatro monedas de 25 centavos. ¿Sabes lo embarazoso que resulta para un adulto pagar la gasolina con cuatro monedas? El chaval del surtidor me miró como si fuese alguna especie de atracador de máquinas expendedoras y luego se limitó a sacudir la cabeza y a reírse. Definitivamente fue uno de mis momentos económicos más bajos y, por desgracia, solo uno de ellos.

Una vez que me organicé, pasé al nivel de la comodidad. Sentirse cómodo económicamente está bien. Al menos, sales a restaurantes decentes, para variar. Pero, muchas veces, todo lo que podía pedir era pollo. En fin, no hay nada de malo en pedir pollo, si eso es lo que realmente quieres. Pero muchas veces no lo es.

De hecho, la gente que económicamente solo está cómoda, por lo general en el restaurante decide mirando la parte derecha de la carta: la parte del precio. «¿Qué te gustaría cenar esta noche, cariño?». «Tomaré este plato de 7,95 dólares. A ver qué es. Sorpresa, sorpresa, es el pollo», ¡por decimonovena vez esta semana!

Cuando estás económicamente «cómodo» no te atreves a dejar que tus ojos miren la parte inferior de la carta, pues si lo hicieses podrías topar con las palabras más prohibidas en el diccionario de la clase media: ¡precio de mercado! Y, aun cuando tuvieses curiosidad, jamás preguntarías cuál es exactamente ese precio. Primero, porque sabes que no puedes permitírtelo. Y segundo, resulta de lo más embarazoso cuando el camarero te dice que el plato vale 49 dólares, con los acompañamientos aparte, y tú respondes: «No sé por qué, pero esta noche se me ha antojado comer pollo», aunque sabes perfectamente que el camarero no se ha tragado lo de tu repentino antojo.

Debo decir que para mí, personalmente, una de las mejores cosas de ser rico es no tener que mirar ya más los precios de la carta: como exactamente lo que quiero comer, sin tener en cuenta el precio. Puedo asegurarte que no hacía eso cuando estaba sin blanca o cuando estaba económicamente cómodo.

En resumidas cuentas: si tu meta es estar cómodo económicamente, lo más probable es que jamás te hagas rico. Pero si tu meta es ser rico, lo más probable es que acabes estando inmensamente cómodo.

PRINCIPIO DE RIQUEZA:

Si tu meta es estar cómodo económicamente, lo más probable es que jamás te hagas rico. Pero si tu meta es ser rico, lo más probable es que acabes estando inmensamente cómodo.

Uno de los principios que enseñamos en nuestros programas es: «Si aspiras a las estrellas alcanzarás cuando menos la luna». La gente pobre ni siquiera aspira al tejado de su casa, y después se pregunta por qué no prospera. Bueno, acabas de averiguarlo. Obtienes lo que verdaderamente pretendes obtener. Si quieres hacerte rico, tu meta debe ser esa. No tener suficiente para pagar las cuentas pendientes, y no solo tener suficiente para estar cómodo: ¡rico significa rico!

DECLARACIÓN: Pon la mano sobre el corazón y di:

«Mi meta es convertirme en millonario ¡y más!».

Tócate la cabeza y di:

«¡Tengo una mente millonaria!».

ACCIONES DE LA MENTE MILLONARIA

Anota dos objetivos económicos que demuestren tu intención de crear abundancia, no mediocridad ni pobreza. Escribe metas para tus: Ingresos anuales Fortuna neta Haz que estas metas sean alcanzables en un tiempo realista, pero al mismo tiempo acuérdate de «aspirar a las estrellas».

Ve a un restaurante de categoría y pide una comida a «precio de mercado» sin preguntar cuánto cuesta. P. D.: ¡Nada de pollo!