Una vez que las personas han estudiado y se han convertido en especialistas en finanzas, aún tienen que enfrentar obstáculos para pasar a a ser financieramente independientes. Existen cinco razones principales por las cuales, aún habiendo logrado la especialización financiera, la gente no desarrolla columnas de activos abundantes. Columnas de inversiones que podrían producir enormes sumas de flujo de dinero en efectivo. Columnas de inversiones que podrían darles libertad para vivir la vida que sueñan, en lugar de trabajar full time tan sólo para pagar las cuentas. Esas cinco razones son:

1. Miedo.

2. Cinismo.

3. Pereza.

4. Malos hábitos.

5. Arrogancia.

Razón Nº 1.

Superación del miedo a perder dinero. Nunca conocí a alguien a quien realmente le guste perder dinero. Y en todos mis años, nunca he conocido a alguna persona rica que jamás hubiera perdido dinero. Pero he conocido muchísimas personas pobres quienes jamás perdieron un centavo… invirtiendo, por decir así.

El miedo a perder dinero es real. Todos lo tienen. Aún los ricos. Pero el miedo no es el problema. Es de qué forma maneja usted el miedo. Es cómo usted maneja perder. Es cómo maneja el fracaso, lo que hace la diferencia en su vida. Y eso se aplica a todo, no sólo al dinero. La diferencia principal entre una persona rica y una pobre, radio en la forma en que manejan ese miedo.

Está bien sentirse temeroso. Está bien ser un cobarde cuando se trata de dinero. Aún así usted puede ser rico. Todos somos héroes en algo y cobardes en alguna otra cosa. La esposa de mi amigo es enferme en una sala de emergencias. Cuando ve sangre, vuela hacia la acción. Cuando le menciono invertir, ella desaparece. Cuando veo sangre, y no me escapo: me desmayo.

Mi padre rico entendía las fobias en relación al dinero. «Algunas personas tienen terror a las serpientes. Algunos tienen terror a perder dinero. Ambas son fobias», decía. Para él, la solución a la fobia a perder dinero estaba en este pequeño dicho:

«Si usted odia el riesgo y la preocupación… comience temprano.»

Por eso los bancos recomiendan el ahorro como un hábito par cuando se es joven. Si se empieza de joven, es fácil hacerse rico. N deseo adentrarme en esto ahora, pero existe una tremenda diferencia entre una persona que comienza ahorrando a la edad de 20 año; respecto de una que lo hace a los 30. Una diferencia asombrosa.

Se dice que una de las maravillas de este mundo es el poder d aumentar el interés. La compra de la isla de Manhattan fue una de la mayores gangas de todos los tiempos. Nueva York fue comprada por 24 dólares en baratijas y abalorios. Pero si esos 24 dólares hubieran sido invertidos al 8 % anual, habrían devengado más de u$s 28 mil millones para 1995. Manhattan podría haber sido comprada nuevamente, y con el dinero restante haber comprado gran parte de Los Ángeles, especial mente con los precios del mercado inmobiliario en 1995.

Mi vecino trabaja para una de las principales compañías de computación. Ha estado allí por 25 años. En cinco años más, dejará la compañía con 4 millones de dólares en su plan de jubilación 401K. La mayor parte está invertido en fondos comunes de alto rendimiento, los cuales e convertirá en bonos y títulos del gobierno. El tendrá apenas 55 año cuando se retire, y contará con un flujo pasivo de dinero en efectivo de 300.000 dólares por año —más de lo que recibe en concepto de salario. Así que, se puede hacer, aún si usted odia perder o correr riesgos Pero debe comenzar temprano y sin duda, establecer un plan de jubilación, y contratar un planificador financiero de confianza para que lo guíe antes de invertir en algo.

Pero, ¿y si a usted ya no le queda mucho tiempo o le gustaría jubilarse temprano? ¿Cómo maneja el miedo a perder dinero?

Mi padre pobre no hizo nada. Simplemente eludía la cuestión, negándose a discutir el tema.

Mi padre rico, por el otro lado, me recomendaba pensar como un tejano. «Me gusta Texas, y los tejanos», solía decir. «En Texas, todo es más grande. Cuando gana Texas, ganan en grande. Y cuando pierden, es espectacular».

«¿Les gusta perder?» le pregunté.

«No es lo que estoy diciendo. A nadie le gusta perder. Muéstrame un perdedor feliz, y yo te mostraré un perdedor», dijo papá rico. «Me estoy refiriendo a la actitud de los tejanos hacia el riesgo, la recompensa y el fracaso. Es la forma en que manejan sus vidas. Viven a lo grande. A diferencia de la mayoría de las personas de aquí, que viven como cucarachas cuando se trata de dinero. A las cucarachas les aterra que alguien eche una luz sobre ellas. Gimen cuando el encargado de la tienda de ramos generales les retiene una moneda de veinticinco centavos en el vuelto.»

Papá rico continuó explicando.

«Lo que me encanta es la actitud en Texas. Ellos se sienten orgullosos cuando ganan, y se jactan cuando pierden. Los tejanos tienen un dicho: «si vas a quebrar, quiebra en grande. Tú no deseas admitir que quebraste viviendo en un dúplex. La mayoría de las personas a nuestro alrededor están tan temerosas de perder, que ni siquiera tienen un dúplex con el cual quebrar.»

El nos decía constantemente que la razón principal de la falta de éxito financiero era que la mayoría de las personas juegan demasiado sobre lo seguro. «La gente tiene tanto miedo de perder, que pierde», eran sus palabras.

Fran Tarkenton, un grandioso lanzador de la Liga Nacional de Fútbol Americano, lo dice de otra forma: «ganar implica no tener miedo a perder».

En mi propia vida, he notado que ganar a menudo viene después de perder. Antes de aprender finalmente a andar en bicicleta, me caí muchas veces. Nunca conocí a un golfista que jamás haya perdido una pelota de golf. Nunca conocí gente que se haya enamorado, sin que primero se le haya roto el corazón. Y nunca conocí a alguien rico que jamás hubiera perdido dinero.

Así que para la mayor parte de la gente, la razón por la cual no ganan financieramente es que el dolor de perder dinero es muchísimo más grande que la alegría de hacerse ricos. Otro dicho en Texas expresa «todos desean ir al Cielo, pero nadie quiere morirse». Muchos sueñan —con ser ricos, pero están aterrorizados de perder dinero. Así que jamás llegan al Cielo.

Padre rico solía contarnos historias de sus viajes a Texas. «Si realmente quieren aprender la actitud de cómo manejan el riesgo, las pérdida; los fracasos, vayan a San Antonio y visiten el Álamo. El Álamo es magnífico relato de gente valiente que eligió pelear, sabiendo que, circunstancias tan abrumadoras, no había esperanzas de triunfar. Eligen morir antes que rendirse. Es una historia inspiradora digna de estudiada, no obstante ser una trágica derrota militar. Les patearon trasero. Un fracaso, si prefieren. Perdieron. Así que ¿cómo manejan fracaso los tejanos? Ellos todavía gritan ¡Recuerden el Álamo!»

Mike y yo escuchamos varias veces esta historia. Siempre nos la contaba cuando estaba a punto de involucrarse en un gran negocio y se sentía nervioso. Después de efectuar todas las debidas diligencias, y ya sea si estuviera expresivo o silencioso, siempre nos relataba esta historia. Cada vez que temía cometer un error o perder dinero, la contaba. Le da[ fuerza, porque le recordaba que siempre podría transformar una pérdida en un éxito financiero. Papá rico sabía que ese fracaso sólo lo haría m; fuerte y más astuto. No es que deseara perder; simplemente, él sabía quien era, y cómo tomaría la pérdida. Tomaría esa pérdida y la transformar en ganancia. Eso lo convertía a él en ganador, y a otros en perdedores. Le daba el coraje para cruzar la línea cuando los demás retrocedían. «Por eso me gustan tanto los tejanos. Ellos tomaron un gran fracaso, lo convirtieron en un destino turístico que les genera millones de dólares.

Pero, probablemente, las palabras que significan más para mí so «los tejanos no entierran sus fracasos. Se inspiran con ellos. Toman su fracasos y los transforman en llantos estimulantes. El fracaso los inspira a convertirse en ganadores. Pero esa fórmula no es sólo de los tejano: Es la fórmula de todos los ganadores.»

De igual manera, también digo que caerme de mi bicicleta fue parte del aprendizaje para poder andar en ella. Recuerdo que caerme, m volvió más determinado a aprender a andar. No menos. También dije que nunca conocí a un golfista que jamás haya perdido una pelota d golf. En el camino a convertirse en un jugador de golf profesional d los mejores, perder pelotas o torneos solamente inspira a los golfistas mejorar, a practicar con mayor intensidad, a estudiar más. Eso es lo que los hace mejores. A los ganadores, perder los inspira. A los perdedores perder los derrota.

Citando a John D. Rockefeller: «siempre traté de transformar cada desastre en una oportunidad».

Y siendo japonés—americano, puedo decir esto. Mucha gente dice que Pearl Harbor fue un error de los norteamericanos. Yo digo que fue un error de los japoneses. En la película Tora, Tora, Tora, un sombrío almirante japonés le dice a sus animados subordinados «me temo que hemos despertado a un gigante dormido». «Recuerden Pearl Harbor» se convirtió en un llanto estimulante. Transformó una de las pérdidas de Estados Unidos, en la razón para ganar. Esta gran derrota le dio fuerza a Estados Unidos, que pronto emergió como una potencia mundial.

El fracaso inspira a los ganadores. Y derrota a los perdedores. Ese es el mayor secreto de los ganadores. Es el secreto que ignoran los perdedores. El gran secreto de los ganadores es que el fracaso inspira la victoria; por lo tanto, no tienen miedo de perder. Repitiendo la cita de Fran Tarkenton, «ganar implica no tener miedo de perder». Las personas como él no tienen miedo de perder porque saben quiénes son. Odian perder, y por eso saben que perder sólo los inspirará a ser mejores. Hay una gran diferencia entre odiar perder y tener miedo de perder. Muchas personas están tan temerosas de perder dinero, que lo pierden. Quiebran con un dúplex. Financieramente hablando, en la vida, apuestan demasiado sobre seguro y demasiado en pequeño. Compran grandes casas y autos lujosos, pero no hacen inversiones grandes. La principal razón por la que el 90 por ciento del público norteamericano lucha financieramente, es porque juegan a no perder, en lugar de jugar para ganar.

Estas personas se dirigen a su planificador financiero, o a su contador, o a su agente de bolsa, y compran un portafolio equilibrado. Muchos de ellos tienen buena cantidad de dinero en fondos comunes, bonos de bajo rendimiento, plazos fijos, que pueden ser negociados dentro de una familia de fondos comunes, y unos pocos paquetes de acciones individuales. Es un portafolio seguro y sensible. Pero no es un portafolio ganador. Es el portafolio de alguien que juega a no perder.

No me malinterpreten. Sin duda eso es mejor que el portafolio del 70 por ciento restante de la población, y esto es aterrador. Porque un portafolio seguro es mucho mejor que ninguno. Es un gran portafolio para alguien que ama la seguridad. Pero jugar sobre seguro e invertir en un portafolio «equilibrado», no es la manera en que los inversores exitosos juegan el juego. Si usted tiene poco dinero y desea ser rico, primero debe «enfocarse», no «equilibrarse». Si observa a alguien exitoso, verá que en el comienzo no estaba balanceado. La gente balanceada no va a ninguna parte. Se mantienen en un punto. Para progresar, usted primero debe «desbalancearse». Sólo observe cómo se avanza al caminar.

Thomas Edison, no estaba balanceado. Estaba enfocado. Bill Gates no estaba balanceado, estaba enfocado. Donald Trump está enfocado. George Soros está enfocado. George Patton no desparramó sus tanques. Los enfocó y voló la línea alemana apuntando a sus puntos débiles. Los franceses ampliaron su foco con la Línea Maginot, y ya saben lo que les ocurrió. Si usted alberga algún deseo de ser rico, deberá enfocarse. Ponga muchos de sus huevos en pocas canastas. No haga lo que hacen las clases media y pobre: poner sus pocos huevos en muchas canastas.

Si usted odia perder, juegue sobre seguro. Si perder lo debilita, juegue sobre seguro. Invierta en inversiones equilibradas. Si tiene más de 25 años y está aterrorizado de correr riesgos, no cambie. Juegue sobre seguro, pero empiece temprano. Comience acumulando temprano los huevos de su nido, porque le llevará tiempo.

Pero si sueña con la libertad tele salir de la carrera de ratas— la primera pregunta que debe formularse es «¿Cómo respondo al fracaso?» Si el fracaso lo inspira a ganar, tal vez debería ir tras él —pero sólo tal vez. Si el fracaso lo hace sentir más débil o le provoca cambios de humor momo jóvenes malcriados que llaman a un abogado para presentar demanda de divorcio cada vez que algo no va como a ellos les gustaría— entonces juegue sobre seguro. Conserve su empleo de todo el día. O compre bonos o fondos comunes. Pero recuerde, también hay riesgo en esos instrumentos financieros, aunque son más seguros.

Digo todo esto, mencionando a Texas y a Fran Tarkenton, porque acumular en la columna del activo es fácil. Es realmente un juego de baja aptitud. No requiere de demasiada formación. Con matemática de quinto grado es suficiente. Pero arriesgar la columna del activo es un juego de alta aptitud. Se necesita estómago, paciencia y una gran actitud frente al fracaso. Los perdedores evitan el fracaso. Y el fracaso transforma perdedores en ganadores. Tan sólo recuerden el Álamo.

Razón Nº 2.

Superar el cinismo. «El cielo se está cayendo. El cielo se está cayendo». Muchos de nosotros conocen el cuento de «Gallineta», quien corría alrededor del patio de la granja alarmando a todos con anuncios de inminentes calamidades. Todos conocemos personas así. Pero también todos tenemos un «Gallineta» dentro de nosotros.

Y como he expresado anteriormente, el cínico es realmente una pequeña gallina. A todos nos sale una gallinita cuando el miedo y la duda nublan nuestros pensamientos.

Todos tenemos dudas. «No soy inteligente». «No soy lo suficientemente bueno». «Tal y cual son mejores que yo». O a menudo nuestras dudas nos paralizan. Jugamos el juego de «¿Y si…?» «¿Y si la economía colapsa después de que yo invierta?». O, «¿Y si pierdo el control y no puedo devolver el dinero?» «¿Y si las cosas no se desarrollan como las planeé?». O tenemos amigos o seres queridos que nos recordarán nuestros defectos sin importar lo que estemos preguntando. Generalmente dicen, «¿Qué te hace pensar que puedes hacer eso?». O, «si es una idea tan genial, ¿cómo es que no se le ocurrió a alguien más?». O, «eso nunca funcionará. No sabes de qué estás hablando». Estas palabras de duda a menudo se hacen tan fuertes que nos impiden actuar. Se genera un sentimiento horrible en nuestro estómago. A veces no podemos dormir. No avanzamos. Y así nos quedamos con lo que es seguro, y las oportunidades nos pasan de largo. Contemplamos cómo la vida nos pasa desapercibida, mientras nos sentamos inmovilizados con un frío nudo en nuestro cuerpo. Todos hemos sentido esto alguna vez en nuestras vidas, algunos más que otros.

Peter Lynch remite la fama de los fondos comunes de inversión Fidelity Magellan, a que las advertencias de que el cielo se está cayendo son oídas por todos nosotros como «ruido».

El «ruido», o bien se crea dentro de nuestras cabezas, o bien proviene del exterior. A menudo de amigos, familia, compañeros de trabajo, y los medios. Lynch recuerda esa época de los años 50, cuando la amenaza de guerra nuclear prevalecía tanto en las noticias, que la gente empezó a construir refugios antiatómicos y a almacenar comida y agua. Si en lugar de eso hubieran invertido ese dinero sabiamente en el mercado, probablemente hoy serían financieramente independientes.

Cuando hace algunos años estallaron los disturbios en Los Ángeles, la venta de armas aumentó en todo el país. Una persona muere en el estado de Washington por una hamburguesa de carne poco cocida, y el Departamento de Salud de Arizona ordena a todos los restaurantes que sus hamburguesas de carne se sirvan bien cocidas. Un laboratorio lanza un comercial de televisión en todo el país mostrando cómo se resfría la gente. El aviso es lanzado en febrero. Los resfríos aumentan, como así también las ventas de su remedio para el resfrío.

La mayoría de las personas son pobres, porque a la hora de invertir, el mundo está lleno de «Gallinitas» corriendo por ahí vociferando «el cielo se’ está cayendo, el cielo se está cayendo». Y los «Gallinitas» son efectivos, porque cada uno de nosotros es una gallinita. A menudo se requiere de gran coraje para no dejar que los rumores y los comentarios pesimistas y alarmistas afecten sus dudas y temores.

En 1992, un amigo de Boston llamado Richard, vino a Phoenix a visitarnos a mi familia y a mí. El estaba impresionado con lo que habíamos ganado con acciones y bienes raíces. Los precios del mercado inmobiliario de Phoenix estaban en baja. Pasamos dos días con él mostrándole algunas oportunidades que considerábamos excelentes para aumentar el flujo del dinero en efectivo (cashflow) y el capital.

Mi esposa y yo no somos agentes de bienes raíces. Somos estrictamente inversores. Luego de encontrar una unidad en un complejo vacacional, llamamos a un agente quien se lo vendió a mi amigo esa misma tarde. El precio para una unidad de dos dormitorios tipo dúplex, fue tan sólo de u$s 42.000. Casitas similares se vendían en u$s 65.000. El había encontrado una ganga. Entusiasmado, la compró y regresó a Boston.

Dos semanas después, el agente llamó diciendo que nuestro amigo se había echado atrás. Lo llamé inmediatamente para averiguar por qué. Todo lo que expresó fue que había hablado con su vecino, y éste le dijo que era un mal negocio. Que estaba pagando demasiado.

Pregunté a Richard si su vecino era inversor. Dijo, «no». Cuando le pregunté porqué le había hecho caso, se puso a la defensiva y simplemente agregó que deseaba seguir buscando.

El mercado inmobiliario de Phoenix dio un giro y, en 1994, esa pequeña unidad se alquilaba por u$s 1.000 por mes —u$s 2.500 en invierno, en temporada alta. El precio era de u$s 95.000 en 1995. Todo lo que Richard debía poner eran u$s 5.000 de anticipo, y hubiera sido su punto de partida para salir de la carrera de ratas. Al día de hoy, él aún no ha hecho nada. Y sigue habiendo gangas aquí en Phoenix; sólo hay que esforzarse bastante para verlas.

El retroceso de Richard no me sorprendió. Se lo conoce como «remordimiento del comprador», y nos afecta a todos. Son esas dudas que nos asaltan. La gallinita ganó, y se perdió una chance hacia la libertad.

En otro ejemplo, puse una pequeña porción de mi activo en certificados de garantías sobre deudas impositivas, en lugar de plazos fijos. Gané 16 por ciento por año sobre ese dinero, lo que ciertamente superaba al 5 por ciento ofrecido por el banco. Los certificados tenían garantías de bienes inmuebles, reforzadas por las leyes del estado, lo que también era mucho más que lo ofrecido por el banco. La fórmula dentro la cual son comprados los hace seguros. Sólo carecen de liquidez. Así que los vi como plazos fijos de 2 a 7 años. Casi siempre que le digo a alguien, especialmente alguien que tenga dinero en plazos fijos, que he invertido mi dinero de esta manera, me dicen que es riesgoso. Me advierten porqué yo no debería hacerlo. Cuando les pregunto de dónde obtienen la información, contestan que de un amigo, o de una revista de inversiones. Nunca lo hicieron, pero le están diciendo a alguien que lo está haciendo, por qué no debería hacerlo. El menor rendimiento que espero es 16 por ciento, pero la gente que está llena de dudas se conforma con un 5 por ciento. La duda es cara.

Mi punto es que son esas dudas y ese cinismo lo que hace que la mayoría de la gente continúe pobre y apostando sobre seguro. El mundo real, simplemente, lo está esperando para que se haga rico. Son únicamente las dudas las que mantienen pobre a una persona. Como ya he dicho, salir de la carrera de ratas es técnicamente sencillo. No requiere de demasiada formación, pero, para la mayoría de las personas, esas dudas son paralizantes.

«Los cínicos nunca ganan», decía papá rico. «Las dudas y miedos no chequeados, crean a un cínico. Los cínicos critican, y los ganadores analizan», era otra de sus frases favoritas. Papá rico explicaba que la crítica enceguece, mientras el análisis abre los ojos. Analizar permite a los ganadores ver lo que está cegado para quienes critican, y ver oportunidades que otros pierden. Y encontrar lo que se les escapa al resto de las personas es la clave de cualquier éxito.

Los bienes raíces son una poderosa herramienta de inversión para cualquier persona en la búsqueda de libertad o independencia financiera. Es una herramienta de inversión única. Y aún así, cada vez que menciono bienes raíces como un vehículo, oigo a menudo, «no quiero andar reparando baños». Eso es lo que Peter Lynch llama «ruido». Eso es lo que mi padre rico llamaría el comentario del cínico. Alguien que critica y no analiza. Alguien que permite que sus dudas y sus miedos cierren su mente en lugar de abrir sus ojos.

Así que cuando alguien dice, «no quiero andar reparando baños», a mí me dan ganas de retrucarle «¿Qué le hace pensar que yo sí?» Lo que ellos están diciendo, es que un baño es más importante que lo que desean. Yo hablo de liberarse de la carrera de ratas, y ellos se enfocan en baños. Ese es el patrón de pensamiento que mantiene pobre a la mayoría de la gente. La crítica en lugar del análisis.

«Los `yo no quiero’ retienen la llave de su éxito», decía padre rico. Porque, como yo tampoco quiero andar reparando baños, me esfuerzo en comparar presupuestos de administradores de propiedades que se ocupan de reparar baños. Y al encontrar un muy buen administrad de propiedades que se encargue de casas y apartamentos, bueno, el flujo de dinero en efectivo se va para arriba. Pero, más importante aún un muy buen administrador me permite comprar muchas más propiedades, ya que yo no necesito andar reparando baños. Un excelente administrador de propiedades es la llave del éxito en el negocio inmobiliario. Porque a menudo escuchan acerca de grandes negocios ante que los agentes, lo que los hace aún más valiosos.

Eso es lo que padre rico quería decir con «los `yo no quiero’ retiene la llave de su éxito». Porque como yo tampoco quiero andar reparando baños, encuentro formas de adquirir más propiedades, y acelerar n salida de la carrera de ratas. Quienes continúan diciendo «no quiero reparar baños», a menudo se niegan a sí mismos el uso de este poderos vehículo inversor. Los baños son más importantes que su libertad.

En el mercado de valores, escucho a menudo gente que dice, «N quiero perder plata». Bueno, ¿qué les hace creer que yo o cualquier otra persona sí? No ganan dinero porque eligen no perderlo. En lugar d analizar, cierran sus mentes a otro poderoso vehículo inversor: el mercad de valores.

En diciembre de 199, me encontraba cabalgando con un amigo pasando por la estación de servicio de nuestro vecindario. El levantó 1; vista y vio que el precio del combustible estaba subiendo. Mi amigo e una verruga de preocupación o un «Gallinita». Para él, el cielo siempre se está por caer, y generalmente se cae, ¡sobre él!

Cuando volvimos a casa, él me mostró todas las estadísticas que mostraban los motivos por los cuales el precio de los combustible; subiría en los próximos años. Estadísticas que yo jamás había vista aunque yo ya era dueño de una substancial porción de acciones de une compañía de combustibles existente. Con esa información, comencé inmediatamente a buscar, y encontré una nueva compañía de combus tibies subvaluada que estaba a punto de descubrir unos yacimiento; petroleros. Mi agente estaba entusiasmado con esta nueva compañía, s compré 15.000 acciones a 65 centavos por acción.

En febrero de 1997, este mismo amigo y yo pasamos por la misma estación de servicio, y desde luego el precio del galón había subid( cerca de un 15 por ciento. Otra vez, «Gallinita» tuvo miedo y se quejó.

Yo sonreí porque, en enero de 1997, esa compañía pequeña dio un aumento en los combustibles, y esas 15.000 acciones subieron a más de 3 dólares por acción, a partir del momento en que él me había dado el primer indicio. Y si mi amigo está en lo cierto, el precio del combustible continuará subiendo.

En lugar de analizar, su «Gallinita» cierra su mente. Si la mayoría de las personas entendieran de qué forma funciona un «stop» en las inversiones en el mercado de valores, habría más gente invirtiendo para ganar, en vez de invertir para no perder. Un «stop» es simplemente un comando computarizado que vende automáticamente su paquete accionario si el precio comienza a descender, ayudando a minimizar sus pérdidas y maximizar algunas ganancias. Es una gran herramienta para aquellos que están aterrorizados de perder.

Así que dondequiera que escucho personas enfocándose en sus «yo no quiero», en vez de en lo que ellos quieren, sé que el «ruido» en sus cabezas debe ser fuerte. «Gallinita» se ha adueñado de sus cerebros y está allí vociferando: «el cielo se va a caer y los baños se están rompiendo». Entonces evitan sus «yo no quiero», pero pagan un alto precio. Quizás ellos jamás obtengan lo que desean en la vida.

Papá rico me dio una forma de ver a «Gallinita»: «tan sólo has lo que hizo el Coronel Sanders». A la edad de 66 años, perdió su negocio y empezó a vivir del cheque de Seguridad Social. Pero no era suficiente. Entonces salió a recorrer el país tratando de vender su receta de pollo frito. Lo rechazaron 1.009 veces antes de que alguien le dijera «sí». Y él se convirtió en millonario a una edad en la que la mayoría de las personas están abandonando. «El era un hombre valiente y tenaz», decía papá rico acerca de Harlan Sanders.

Así que cuando se encuentre en duda, y sintiéndose un poco temeroso, simplemente haga lo que el Coronel Sanders hizo con su «Gallineta»: ¡la frió!

Razón Nº 3.

Pereza. La gente más activa es a menudo la más perezosa. Todos hemos escuchado historias de algún hombre de negocios que trabaja intensamente para ganar dinero. Trabaja arduamente para proveer bien a su esposa e hijos. Pasa largas horas en la oficina, y se lleva trabajo a su casa durante los fines de semana. Un día vuelve a casa y la encuentra vacía. Su esposa se ha ido con los chicos. El sabía que él y su esposa tenían problemas, pero en lugar de trabajar para hacer que la relación se fortalezca, él siguió ocupado con su trabajo. Consternado, su productividad en el trabajo declina, y pierde su empleo.

Hoy en día, a menudo encuentro mucha gente que está demasiado ocupada como para cuidar su bienestar. Y hay personas demasiado ocupadas como para cuidar de su salud. La causa es la misma. Estar ocupados, y se mantienen ocupados como una forma de evitar algo que no desean enfrentar. No es necesario que nadie se los diga. En le profundo de su interior, ellos lo saben. De hecho, si usted se los recuerda a menudo responden con enojo o irritación.

Si no están ocupados con el trabajo o los chicos, muchas veces estar ocupados viendo televisión, pescando, jugando al golf o haciendo compras Y aún así, muy dentro de sí saben que están evitando algo importante Esa es la forma más común de pereza. Pereza manteniéndose ocupados.

Entonces, ¿cuál es la cura para la pereza? La respuesta es, un poco de ambición.

Muchos de nosotros crecimos pensando que la ambición o el deseo eran malos. «La gente ambiciosa es gente mala», solía decir mi mamá. Pero sin embargo, todos tenemos dentro de nosotros esas ansias de tener cosas lindas, nuevas o excitantes. Así que para mantener esa emoción de deseo bajo control, los padres a menudo encuentran formas de suprimir ese deseo con la culpa.

«Tú sólo piensas en ti mismo. ¿No sabes que tienes hermanos y hermanas?» era una de las favoritas de mamá. O «¿qué es lo que quieres que te compre?» era la favorita de mi papá. «¿Piensas que estamos hechos de dinero? ¿Crees que el dinero crece en los árboles? No somos gente rica, ya sabes.»

No eran tanto las palabras en sí, sino la culpa entrampada con el enojo que iba en ellas, lo que me llegaba.

O la inversa de la culpa entrampada era «estoy sacrificando mi vida para comprarte esto. Te lo estoy comprando porque yo nunca tuve esa posibilidad cuando era niño». Yo tengo un vecino que está quebrado como piedra, pero no puede estacionar su auto en el garaje. El garaje está lleno de juguetes de sus hijos. Esos mocosos malcriados obtienen todo lo que piden. «Yo no quiero que conozcan ese sentimiento de deseo», son sus palabras de todos los días. El no tiene nada guardado para la universidad, o para su retiro, pero sus hijos tienen cada juguete que se fabrica. Recientemente, le llegó una nueva tarjeta de crédito por correo, y llevó a sus hijos a visitar Las Vegas. «Lo estoy haciendo por los chicos», dijo con tono de gran sacrificio.

Padre rico prohibía las palabras «no puedo permitirme esto».

En mi casa verdadera, eso era lo único que yo escuchaba. En lugar de eso, papá rico requería que sus hijos dijeran «¿Cómo puedo hacer para pagar esto?» En su razonamiento, las palabras «no puedo pagar esto» cerraban el cerebro. Ya no había más nada que pensar. «¿Cómo puedo hacer para pagar esto?» abría el cerebro. Forzaba a pensar y buscar respuestas.

Pero más importante aún, él sentía que las palabras «no puedo pagar esto» eran una mentira. Y el espíritu humano lo sabía. «El espíritu humano es muy, muy poderoso», decía. «Sabe que puede hacer cualquier cosa». Al tener una mente perezosa que dice, «no puedo permitirme esto», se desata una guerra dentro de uno. El espíritu está enojado, y la mente perezosa debe defender su mentira. El espíritu está gritando «adelante, vayamos al gimnasio a entrenarnos» Y la mente perezosa dice, «pero estoy cansado. Trabajé muy duro hoy». O el espíritu humano dice, «estoy harto y cansado de ser pobre. Salgamos a hacernos ricos». A lo cual la mente perezosa responde, «la gente rica es ambiciosa. Además, es mucho fastidio. No es seguro. Puedo perder dinero. Ya trabajo bastante intensamente con las cosas como son ahora. Y de todas maneras, tengo mucho trabajo para hacer. Mira lo que tengo que hacer esta noche. Mi jefe lo quiere terminado para mañana».

«No puedo permitirme esto», también trae tristeza. Una desesperanza que lleva a descorazonarse, y a menudo a la depresión. «Apatía» podría ser otra palabra. «¿Cómo puedo hacer para pagar esto?», abre posibilidades, entusiasmo y sueños. Y así que padre rico no estaba tan preocupado por lo que uno pudiera querer comprar, sino porque «¿Cómo puedo hacer para pagar por esto?», creará una mentalidad más fuerte y un espíritu dinámico.

De manera que él rara vez nos daba algo a Mike o a mí. En lugar de eso nos preguntaba, «¿Cómo puedes hacer para pagarlo?» y eso incluyó la universidad, la cual nos pagamos nosotros mismos. No era la meta en sí sino el proceso de alcanzar la meta que deseábamos, lo que él quería que aprendiéramos.

El problema que percibo en la actualidad, es que hay millones de personas que sienten culpa por sus ambiciones. Ese es un viejo condicionamiento que viene de su niñez. Desean tener las cosas más finas que ofrece la vida. Muchos han sido condicionados subconscientemente para decir «no puedes tener eso», o «nunca podrás pagarlo».

Cuando decidí salir de la carrera de ratas, se trató simplemente de una pregunta. «¿Cómo puedo hacer para nunca tener que volver a trabajar?» Y mi mente comenzó a echar fuera respuestas y soluciones. La parte más difícil fue vencer el dogma de mis verdaderos padres, «no podemos permitirnos eso». O aquello de «cesa de pensar solamente en ti mismo». O también, «¿Por qué no piensas en los demás?», y otras palabras semejantes concebidas para instilar culpa en orden de suprimir mi ambición.

De manera que ¿cómo vence usted a la pereza? La respuesta es, con un poco de ambición. Es como esa estación de radio W11—FM que sostiene «¿Qué hay allí para mí?» Una persona necesita sentarse y preguntar, «¿Qué hay allí para mí, ya que soy saludable, sexy y bien parecido?» O si no, «¿Cómo sería mi vida si no tuviera que trabajar nunca más?» O, «¿Qué haría si tuviera todo el dinero que necesito?» Sin ese poco de ambición —el deseo de tener algo mejor— el progreso no sucede. Nuestro mundo progresa porque todos nosotros deseamos una vida mejor. Vamos al colegio y estudiamos intensamente, porque queremos algo mejor. Así que cuando se halle a sí mismo eludiendo algo que sabe que debería estar haciendo, lo único que debe preguntarse es «¿Qué hay ahí para mí?» Sea un poco ambicioso. Es la mejor cura para la pereza.

Demasiada ambición, sin embargo, como cualquier cosa en exceso, no es buena. Pero sólo recuerde lo que Michael Douglas decía en la película Wall Street. «La ambición es buena». Padre rico lo decía en una forma diferente: «La culpa es peor que la ambición. Porque priva al cuerpo de su alma». Y, para mí, Eleanor Roosevelt era la que mejor lo decía: «Haz lo que sientas en tu corazón que es correcto —porque de todas maneras te criticarán. Tanto te condenarán si lo haces, como si no lo haces».

Razón Nº 4.

Hábitos. Nuestras vidas son un reflejo de nuestros hábitos, más que de nuestra educación. Después de ver la película Conan, protagonizada por Arnold Schwarzenegger, un amigo dijo: «¡Me encantaría tener un cuerpo como Schwarzenegger!» La mayoría de los muchachos asintieron expresando su acuerdo.

«Yo inclusive oí que antes, él realmente era un flaco raquítico», dijo uno de ellos.

«¡Ah, sí! Yo también escuché eso», agregó otro amigo. «Yo escuché que tiene el hábito de entrenarse casi todos los días en el gimnasio».

«¡Apuesto a que así es!»

«¡Ah, no!» dijeron todos sarcásticamente. «Apuesto a que nació así. Y más allá de eso, dejemos de hablar de Arnold y vayamos por unas cervezas.»

Este es un ejemplo de hábitos controlando el comportamiento. Recuerdo haberle preguntado a papá rico acerca de los hábitos de los ricos. En lugar de darme una respuesta categórica, quiso que yo aprendiera a través de un ejemplo, como siempre.

«¿Cuándo paga tu padre sus cuentas?», me preguntó.

«El primer día del mes»,contesté.

«¿Y le queda algo?», preguntó.

Dije, «muy poco».

«Esa es la principal razón de sus luchas», dijo papá rico. «Tiene un mal hábito».

«Tu padre le paga a todos primero. Y a sí mismo último, pero solamente si le queda algo.»

«Lo que habitualmente no sucede», dije. «Pero él tiene que pagar sus cuentas, ¿no? ¿Estás diciendo que él no debería pagar sus cuentas?»

«Por supuesto que no», respondió. «Creo firmemente en pagar mis cuentas a tiempo. Sólo que me pago primero a mí mismo. Inclusive antes de pagarle al gobierno.»

«Pero, ¿y qué pasa si no tienes suficiente dinero?» pregunté. «¿Qué haces entonces?»

«Lo mismo», dijo papá rico. «Aún en ese caso me pago primero a mí mismo. Aunque ande escaso de dinero. La columna de mis bienes es por lejos más importante para mí, que el gobierno.»

«Pero», dije, «¿no vienen tras de ti?»

«Vienen si no pagas», contestó. «Mira, yo no dije no pagar. Dije solamente pagarme primero a mí, incluso si estoy corto de dinero.»

«Pero», repliqué, «¿cómo lo haces?»

«No se trata de cómo. La pregunta es por qué», dijo.

«OK, ¿por qué?»

«Motivación», dijo papá rico. «¿Quién piensas que va a protestar más fuerte si no le pagas: yo, o mis acreedores?»

«Tus acreedores definitivamente gritarán más fuerte que tú», le dije, respondiendo lo obvio. «Tú no dirías nada si no te pagas a ti mismo.»

«Ya ves, así, después de pagarme a mí mismo, la presión de pagar mis impuestos y a los otros acreedores es tan grande, que me fuerza a buscar otras formas de ingreso. La presión por pagar se convierte en mi motivación. He realizado trabajos extra, iniciado otras empresas, negociado en el mercado de valores, cualquier cosa, sólo para asegurarme que esos tipos no empezaran a vociferar contra mí. Esa presión hizo que trabajara más intensamente, me obligó a pensar y, en general, me hizo más rápido y más activo cuando de dinero se trata. Si me hubiera pagado en último término, no habría sentido presión, pero estaría e bancarrota.»

«¿De manera que es el miedo al gobierno o a las otras personas quienes les debes dinero, lo que te motiva?»

«Así es», dijo papá rico. «Mira, los recaudadores del gobierno soy grandes matones. En general, todos los que controlan el pago de cuenta lo son. Mucha gente se achica ante estos matones. Les pagan a ellos, jamás se pagan a sí mismos. ¿Conoces la historia de un enclenque d( 50 kilos, a quien le arrojaron arena en la cara de una patada?»

Asentí. «Veo esa propaganda en los libritos de historietas todo e tiempo, promoviendo aumento de peso y musculación.»

«Bueno, la mayoría de la gente deja que los matones les pateen arena en la cara. Yo decidí utilizar el miedo al matón para hacerme más fuerte. Otros se hacen más débiles. Forzarme a pensar en la manera de ganar dinero extra, es como ir al gimnasio y entrenarme con pesas. Cuanto más me entreno para desarrollar mis músculos mentales, más fuertes se vuelven. Y ahora, ya no temo a esos matones.»

Me gustó lo que decía papá rico. «Entonces, si primero me pago a mí mismo, me vuelvo financieramente más fuerte, tanto mental como fiscalmente.»

Padre rico asintió.

«Y si me pago último, o no me pago, me debilito. Entonces, las personas como los jefes, gerentes, recaudadores de impuestos, cobradores y tocadores me presionarán toda la vida. Solamente porque no tengo buenos hábitos con el dinero.»

Padre rico asintió y agregó, «igual que el enclenque de 50 kilos».

Razón Nº 5.

Arrogancia. La arrogancia, es ego más ignorancia.

«Lo que sé, me da dinero. Lo que no sé, me hace perderlo. Cada vez que he sido arrogante, perdí plata. Porque cuando soy arrogante, estoy creyendo verdaderamente que lo que yo no sé, no es importante», me decía a menudo papá rico.

Yo descubrí que mucha gente usa la arrogancia para tratar de esconder su propia ignorancia. Esto ocurre a menudo cuando estoy analizando extractos financieros con contadores, o incluso con otros inversores.

Ellos tratan de imponerse en la discusión, fanfarroneando. Para mí es claro que no saben de qué están hablando. No están mintiendo, pero tampoco están diciendo la verdad.

Existen muchas personas en el mundo del dinero, las finanzas y las inversiones, que no tienen ninguna idea en absoluto acerca de lo que están hablando. La mayoría de las personas en la industria del dinero, hacen simplemente lanzamientos de venta como si fueran vendedores de autos usados.

Cuando usted sepa que es ignorante en algún asunto, comience por educarse buscando algún experto en ese campo, o compre un libro sobre el tema.