Sí, no procede del mundo, aunque se manifieste en él. La abundancia es real y por tanto ha de provenir de la realidad. Tiene que venir de ti, de tu ser esencial. No hay otra posibilidad. Ahí afuera sólo está el Uno jugando al juego de las identidades (separación).

Cuando escuchas una música que te agrada, percibes belleza en sus notas, armonía en su estructura y emoción en su letra. Después la compartes con alguien más, quién se muestra indiferente al escucharla y te dice que no le gusta; o peor, que la encuentra pésima.

¿Qué ocurrió, dónde se esfumó la belleza? ¿Dónde está la magia que tú sientes? ¿En la canción o en ti? Ahora sospechas que debe tratarse de ti porque la otra persona no la disfrutó. A lo que quiero llegar, entiéndeme, es que la belleza que sientes no está en la canción, está en ti. La música sólo te devuelve lo que ya es tuyo.

De hecho, un tema musical no es más que una combinación de sonidos y silencios. Ruido, silencio, ruido, silencio… un código binario. Es información, vibración. La música no te emociona, tú te emocionas cuando suena porque la emoción eres tú. Procede de ti.

Si llevamos esta metáfora a personas que comparten una misma profesión (o negocio), pero con diferentes resultados, se deduce que el éxito ha de deberse a ellos mismos. No a lo que hacen ni a su negocio.

¡Oh! apuesto a que nunca lo habías visto de este modo.

En resumen:

La belleza del cuadro está en ti.

La armonía del concierto está en ti.

La emoción del verso está en ti.

Tú proyectas y el mundo adquiere un sentido concreto de acuerdo a tu proyección. Del mismo modo, tu situación financiera es una representación exacta de tu conexión con la abundancia.

La perfección de este planeta es fruto de una inspiración del Espíritu. ¿Con esa creatividad qué no conseguirías?”.

raimon samsó

El dinero eres tú (este decreto me vuelve loco).

¿Cuánto dinero? Eso es cosa tuya.

No lo achaques más al comercio con las cosas o a la prestación de servicios a otros. Todo ello no son más que vehículos por donde transita tu dinero cuando reconoces y honras tu esencia divina (el origen de tu economía).

Todo procede de la Fuente, de la Divinidad, del Absoluto, de la Presencia o Consciencia que suministra a todo aquel que se reconozca parte y en conexión con ella. Y cuanto más intensamente te reconozcas como parte del todo, más afluente será tu vida.

Recuerda:

Nadie te da nada (eso es cosa tuya).

Nadie te quita nada (eso es cosa tuya).

Es momento de aclarar el origen de nuestro suministro abundante.